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REDSA | ISSN 3151-8303 | julio - septiembre, 2026 | Vol. 1 | Núm. 3 REDSA | ISSN 3151-8303 | julio - septiembre, 2026 | Vol. 1 | Núm. 3
barreras, con propósito claro, acceso restringido y
presentación agregada.
No debe confundirse diagnóstico médico con
necesidad educativa. La escuela requiere conocer
apoyos, formas de comunicación, barreras y
ajustes, pero no necesita difundir información
clínica entre personas sin función legítima. Los
tableros de seguimiento deben evitar celdas que
permitan identicar a un estudiante en grupos
pequeños. La desagregación es útil para detectar
diferencias, pero debe acompañarse de reglas
de condencialidad, consentimiento cuando
corresponda y análisis responsable.
La gobernanza de datos incluye calidad. Un
indicador de “estudiantes atendidos” puede
ocultar frecuencia, oportunidad o pertinencia. Una
tasa de aprobación puede reejar aprendizaje,
exibilización apropiada o reducción injusticada
de expectativas. Por eso, la información
cuantitativa debe contrastarse con muestras de
trabajo, observaciones, entrevistas y experiencia
estudiantil. Mezzanotte (2023) propone analizar
indicadores de inclusión dentro de un marco que
reconozca la pluralidad conceptual y la necesidad
de monitorear procesos y resultados.
Finalidad y principios
La autoevaluación institucional es un proceso
deliberado mediante el cual una comunidad
educativa obtiene, interpreta y usa evidencia
sobre su funcionamiento. Su nalidad inclusiva
es identicar y reducir barreras, fortalecer
capacidades y vericar que las decisiones amplíen
oportunidades. No es una auditoría médica
del alumnado ni una clasicación de docentes.
Tampoco es una encuesta anual desconectada de
planicación y presupuesto.
Cinco principios orientan su diseño. El primero
es el enfoque de derechos: los indicadores se
interpretan a partir de obligaciones de igualdad,
accesibilidad, ajustes y participación. El segundo
es la participación accesible: las personas afectadas
intervienen en condiciones que les permiten
comprender, expresarse e inuir. El tercero es la
triangulación: ninguna fuente, especialmente el
autorreporte directivo, se considera suciente. El
cuarto es la utilidad: cada hallazgo debe poder
vincularse con una decisión, una gestión o una
necesidad de apoyo. El quinto es la no malecencia:
la evaluación no debe estigmatizar, revelar
información personal ni incentivar exclusión.
Estos principios previenen dos deformaciones.
La primera es la burocratización, en la que se
acumulan evidencias documentales sin analizar la
experiencia. La segunda es el voluntarismo, en el
que se celebran valores y esfuerzos sin vericar
resultados ni recursos. Una autoevaluación rigurosa
necesita documentos y percepciones, pero también
observaciones y trazabilidad de acciones.
La evidencia institucional puede organizarse en
cuatro grupos. Los datos de trayectoria incluyen
matrícula, asistencia, permanencia, progresión,
promoción y transición. Los datos de experiencia
recogen participación, pertenencia, seguridad,
discriminación, autonomía y satisfacción. Las
evidencias de práctica abarcan planicación,
materiales accesibles, evaluación, ajustes,
coordinación y observación de entornos. Las
evidencias de capacidad comprenden formación,
personal, tiempo, presupuesto, infraestructura,
tecnología y acuerdos organizativos.
Cada grupo responde preguntas distintas. La
asistencia muestra presencia, pero no explica por
qué alguien falta. Una encuesta puede detectar
malestar, pero no identica necesariamente la
barrera física. Un plan declara objetivos, pero
no demuestra ejecución. La triangulación busca
convergencia y también divergencia. Si el equipo
directivo considera accesible una institución y el
recorrido con estudiantes detecta obstáculos, la
discrepancia es un hallazgo que debe investigarse,
no un problema que se resuelve promediando
respuestas.
La observación debe ser estructurada y respetuosa.
En accesibilidad, puede utilizarse un recorrido
desde el ingreso hasta espacios esenciales,
con vericación de continuidad, seguridad,
señalización y usabilidad. En aula, el foco debe
estar en las oportunidades ofrecidas al grupo, no
en juzgar a un estudiante. En documentación, se
revisa si los ajustes tienen responsables, fecha de
revisión y participación. En entrevistas, se buscan
ejemplos concretos y casos que contradigan la
versión predominante.
Participación sin tokenismo
El tokenismo ocurre cuando una institución
exhibe participación sin transferir inuencia. Para
evitarlo, la autoevaluación debe comunicar qué
decisiones están abiertas, qué límites existen y
cómo se usarán las contribuciones. Las consultas
deben ofrecer formatos diversos: conversación,
encuesta accesible, pictogramas, lengua de señas,
audio, apoyo para comunicación aumentativa
o alternativa y tiempo adicional. No todas las
personas elegirán el mismo canal.
La participación estudiantil puede adoptar niveles
progresivos: ser informada, ser consultada, colaborar
en el análisis, coproducir recomendaciones y
participar en seguimiento. No siempre será posible
alcanzar el nivel máximo en todas las decisiones,
pero la institución debe justicarlo. Messiou (2024)
muestra que la voz estudiantil puede promover
inclusión en escuelas primarias cuando se integra
a procesos pedagógicos y de mejora, no cuando se
usa como actividad aislada.
Las familias también necesitan condiciones de
participación. Horarios rígidos, lenguaje técnico
o reuniones centradas en décit pueden excluirlas.
La autoevaluación debe valorar la calidad
de la comunicación, el reconocimiento de su
conocimiento y la respuesta a sus observaciones.
Al mismo tiempo, debe respetar la autonomía
progresiva del estudiante: la voz familiar no debe
reemplazar automáticamente su perspectiva.
La mayor debilidad de muchos procesos evaluativos
no es la falta de hallazgos, sino la desconexión
entre hallazgos y recursos. Un plan de mejora
debe distinguir acciones de costo bajo ajustar
formatos, reorganizar horarios, revisar protocolos,
inversiones institucionales como tecnología,
señalización, capacitación y necesidades de
nanciamiento externo obras mayores, transporte,
personal adicional—. Todas requieren responsables
y gestión; la clasicación evita que la falta de
presupuesto paralice cambios posibles o que el
esfuerzo escolar oculte obligaciones estatales.
El presupuesto inclusivo no se limita a una
partida separada. También puede observarse en
contratación, mantenimiento, compras, licencias
de plataformas, formación y distribución de tiempo
profesional. Una adquisición aparentemente
neutral puede crear barreras si no incluye criterios
de accesibilidad. La UNESCO (2023) advierte
que la tecnología educativa debe juzgarse por
su pertinencia, equidad y condiciones de uso;